domingo 29 de junio de 2008

Desde un lugar del mundo

Si este post se cuelga a la hora en la que lo he programado la inmensa mayoría de los españoles estarán frente a una pantalla de televisión esperando ver a la selección haciendo realidad el milagro.

Yo nunca he sido aficionada al fútbol y a día de hoy, a pesar de que me lo habrán explicado un ciento de veces, soy incapaz de recordar qué diablos es eso del fuera de juego. Pero no importa, he de reconocer que el último partido de la selección lo vi en mi casa, sola y sin que nadie me incitara a hacerlo, y me gustó.

En mi caso, además de esa especie de patriotismo que se me crece dentro viendo a esos chavales torear a sus contrincantes, me motivaba una razón mucho más racional y meditada para animar a nuestra selección.

Yo veré el partido de la final en otro país y que esa final la juegue España me garantiza algo curiosísimo y es que cualquier español que se encuentre en la misma ciudad que yo, se convertirá desde ese momento en un hermano. Y algo mucho más impagable que eso y es que si ese español está más bueno que un queso desde ese instante lo transformaré en un primo lejano, que es algo con más morbo y menos pecaminoso.

Y sino, en el peor de los casos, siempre puedo volver y contaros que en la Isla de la Lavanda, en la Perla del Adriático o los lagos de Plitviche se liga menos que en Benidorm.

viernes 27 de junio de 2008

Suegros

La novia de mi hermano es casi perfecta.

Su predecesora en el cargo era un auténtico cardo borriquero y nadie se podía explicar cómo mi hermano, un tío majo como pocos, guapo y muy inteligente, podía salir con semejante esperpento de mujer. No era fea, pero era burra como ella sola, bocazas, maleducada y tremendamente grosera en sus formas. La alegría en mi casa, concretamente de mi padre, cuando conoció a la nueva y se "deshizo" de la anterior fue enorme.

El caso es que la novia actual es otra cosa. Es guapísima, una tía excepcionalmente inteligente y lista a la vez, cariñosa y encantadora. Vamos, una joya de novia. Mi madre la adora y mi padre está encantado con ella. Además mi hermano y ella se han comprado un piso al lado del de mis padres y como ella tiene a su familia lejos se ven a menudo.

Peeeero, como para mi padre sólo hay una mujer perfecta y soy yo, ya le ha encontrado un fallo. Es un fallo nimio, pero que para mi padre poco a poco se está convirtiendo en algo insufrible: dice tacos.

Mi padre no es una persona antigua de las que no dicen tacos jamás en la vida. Al contrario, es joven y bastante juvenil. Ha pasado su vida rodeado de gente joven y no se escandaliza por escuchar un taco. Pero mi padre es de esas personas que consideran los tacos en determinados ambientes, intolerables. Como él jamás ha dicho un taco delante de sus padres ni de sus hijos, a nosotros nos ha educado igual. A mi padre le da igual cómo hable yo cuando me voy de copas con mis amigos y considera que los tacos pueden ser fundamentales en según qué conversación con según qué gente, pero sabe que mi educación me impide hablar del mismo modo cuando mi audiencia es otra. Por eso él no entiende que haya gente que le hable igual a su colega a las tres de la mañana en un pub que a su suegro un domingo al mediodía.

Para colmo, mi padre lleva una temporada centrado en arreglar él solito todos los desperfectos de este mundo y se ha tomado este tema como uno más a solucionar aparte de la crisis energética, el problema de la educación española, la descabellada idea del AVE a Galicia o el intolerable levantamiento de un monumento al Che en un pueblo coruñés.

Hoy me ha llamado para pedirme consejo. Su idea inicial era hablar con ella tranquilamente y explicarle que es un romántico empedernido y un cursi redomado y que escuchar tacos le hiere profundamente. Y así, con esta caricaturización de sí mismo, pedirle a la pobre chica que en su presencia evite decirlos.

- Tú estás loco, ¿cómo vas a decirle eso a la pobre chica?
- Tiene que entender que no procede hablar conmigo igual que se habla en una tasca.
- Papá, es mayorcita y tú no eres quién para reeducar a nadie.
- No es reeducar, es intentar que se de cuenta de que existen normas de educación imprescindibles.
- Papá, no. Olvídalo. No puedes llamarla maleducada y pretender que no le afecte.
- ¿Quieres que tus futuros sobrinos crezcan diciendo tacos? Es obvio que si los dice delante de mí, los dirá delante de sus futuros hijos.
- Si a mí un futuro suegro me dijese que le parezco una maleducada hablando me haría daño.
- A ti no te pueden decir eso.
- Papá, yo también digo tacos.
- Y yo. Pero sólo cuando proceden, ¿o es que acaso nos hemos criado en la selva como animales? ¿para qué está la educación? ¿qué te parecería tener un padre con el "joder" "ostia" "cacogenlaputa" todo el día en la boca?
- Papá!!
- Pues esta chica está todo el día así, y yo no puedo soportarlo.
- Da igual, es la mujer que ha elegido tu hijo y la aceptas como es y punto.
- Si yo creo que explicándoselo correctamente hasta le hago un favor...
- Que no!!
- ¿En serio crees que hago mal si se lo insinúo?
- Fatal.
- Bueeeno, intentaré contenerme, pero no sé cuanto aguantaré.


Sé que volverá con el tema el próximo día que esté con ella y yo volveré a decirle lo mismo.

Hablan de las suegras... pero anda que los suegros....

martes 24 de junio de 2008

Inaccesible (o simplemente fuera de mi cobertura)

Él me contaba algo interesantísimo y aún así en mi cabeza no dejaba de sonar la cancioncita de marras mientras yo imaginaba la cara de póker que pondría si pudiera leer mi mente. Porque estoy segura de que él, concentrado en lo que decía, estaba a años luz de lo que yo estaba pensando. Es lo que tiene enfrentarme a alguien totalmente inmune a mí y a todas mis armas, que no sé si me cabrea, o me motiva.

Obviamente no es la primera, ni la segunda vez que me ocurre y aunque me gustaría, seguro que no es la última. Por alguna extraña razón que no acierto a adivinar tengo debilidad por ellos, por los inaccesibles e invencibles, por los hombres que sienten cierto aprecio por mí como persona, pero ninguno como mujer.

Lo más sangrante es que no sé atajar el problema porque no los reconozco a primera vista, son tan sutiles al ubicarse fuera de mi cobertura que hasta que estoy perdida no descubro que son totalmente inalcanzables.

No tengo nada que hacer, cada vez lo noto antes, son insensibles a mis caídas de ojos o a mis pestañeos inocentes. Ni siquiera cuando me atuso el pelo o paso mi mano suavemente por el escote consigo arrancarles un gesto que denote que han visto algo. Es lo que tiene enfrentarme a alguien que me mira y no ve nada, que no sé si me frustra, o me enciende.

Y me puedo hacer la lista o la tonta, parecer simpática o borde, cariñosa o arisca que da igual, sea como sea y me ponga como me ponga no hay nada que hacer con un tío hermético e impenetrable, salvo quizás, disfrutar de él desde la discreta distancia a la que me permiten acercarme.

Por eso cada vez me esfuerzo menos, porque los conozco y me conozco y sé que nada de lo que yo sea capaz de hacer o decir cambiaría su forma de mirarme.

Hace muchos años, antes de parecerme a esta especie de mujer formal en la que me estoy convirtiendo, hice la prueba. Le propuse a uno de ellos tomar un café. Tras intentar obtener una señal, sutilmente primero y con un descaro más que evidente después, me dio un arrebato de sinceridad:


- Estuve con Agustín el otro día… por cierto, ¿qué quieres tomar?

- Lo único que yo quiero es besarte.

- Camarero, pónganos un par de cafés, por favor. Pues como te decía, el otro día me encontré con Agustín, ¿te acuerdas de él? Blablabla….


Siguió como si nada. Y yo me puse colorada los primeros minutos, pero luego se me pasó. En ese momento me di cuenta de lo inútil que es intentarlo, de lo absurdo que es esforzarse y de que cuando parece que no hay nada que hacer es porque, efectivamente, no hay nada que hacer.

Hay hombres con los que surge la amistad, con otros se pueden tener relaciones sentimentales, sexuales o una mezcla más o menos interesante de ambas, pero a veces, el protagonista indiscutible de todas mis fantasías es justamente el único al que jamás le propondré tomar un café. Aquel que ya he detectado que para mí es totalmente inaccesible y al que no llega mi cobertura.


miércoles 18 de junio de 2008

Hoy sólo es pequeña, voluptuosa y cariñosa. Mañana puede ser el amor de tu vida.

Los lectores de este blog, pocos pero selectos, habrán notado si son un poco observadores, que últimamente escribo menos de lo habitual. No me gustaría hacer de este post una justificación al respecto, pero sí he de decir que mi ritmo ha disminuido como consecuencia irremediable de que mi pereza ha aumentado.

Aclaradas las dudas, debo admitir que me han sucedido muchas cosas, pero lo cierto es que ninguna de ellas me ha motivado lo suficiente como para sentarme frente a una página en blanco.

El hecho de tener mucho trabajo y poco tiempo no ayuda, como tampoco lo hace el estar ultimando mis vacaciones y tener los fines de semana bastante saturados.

Pero hoy me he dado un ultimátum, o escribo un post o me pongo a planchar. Y aquí estoy, pensando si colará como desenfadada y moderna una camisa hecha un guiñapo.

El caso es que me tiré en el sofá con el portátil pero comprobé que no había forma de arrancar un post así que decidí encender la tele en busca de inspiración. Cuando empezaba a perder toda esperanza y mientras mi plancha me miraba de reojo se me ocurrió pensar en una de esas noticias nimias y poco importantes que ponen antes de los deportes en el telediario.

Los japoneses han inventado a la novia robot para solteros, y es más, según el portavoz del fabricante: "Es muy amable y aunque no es humana, puede actuar como una verdadera novia".

Esta joya perfecta para hombres solteros es pequeña, con formas voluptuosas (vamos, pechugona), cariñosa, dulce y simpática. Una mujer con dotes de doncella, con un "mode love besucón" infalible a poco que te acerques a ella y capacidad para cantar y bailar si se le pide. Es simpática, interactiva y ha sido fabricada para deleite de unos 10.000 afortunados hombres que dejarán de estar solteros y disponibles este año.

Mi primer ataque de indignación vino por el camino del ¿por qué a mí?

¿es realmente necesario ponerme más competencia en el mercado? ¿acaso no lo tengo ya suficientemente complicado compitiendo con las mujeres que ya existen? ¿es tan preciso inventar más?

Mi segundo ataque de indignación, que fue mucho más racional y meditado, vino derivado del ¿por qué a mí no?

¿acaso no me merezco yo un novio igual? ¿tan complicado era hacer la versión masculina del robot? ¿si me compro la versión femenina me tendría que reconocer como lesbiana?

Entonces escuché que las ventajas reales de esta novia androide, en comparación con las tradicionales de carne y hueso, radica en su precio, 175 euros, y en su facilidad para desconectarla y meterla en un armario.

De acuerdo, puedo entender que hay mujeres que salen muy caras e incluso que existen aquellas a las que uno desearía poder apagar de vez en cuando o poner en stand by. Pero seamos sinceros, a esas no se les llama novias. Esas no suelen pasar de un mero rollete o ligue ocasional. Las novias de verdad cuesten lo cuesten valen mucho más y si uno reconoce querer desconectarla o meterla en un armario es muy probable que lo siguiente que se encuentre sea una denuncia en el juzgado o una orden de alejamiento.

Lo que esos japoneses pretenden vender como una "novia robot" no es más que la típica mujer de la que uno se encapricha hasta conseguirla y que, una vez en casa y después de pasar un rato a solas con ella, pierde toda la gracia y sólo la recupera cuando se trata de exhibirla ante los amigos. Han inventado la "mujer florero robot", ¡ole por los nipones!.

El problema es que a raíz de escuchar esta noticia, he leído otra mucho mejor: En el 2050 su amante podría ser... un robot muy sensible.

Por lo visto David Levy, autor del libro "Amor + sexo con robots", cree que dentro de 40 años habrán conseguido fabricar robots inteligentes y divertidos que, además del sexo, te proporcionen conversaciones interesantes, tengan sentido del humor y consigan enamorarte. Dice este buen hombre:

"Hay millones de personas en el mundo que están solas, quizás porque son tímidos, feos o tienen problemas psicológicos, de personalidad, o sexuales. Siempre habrá millones de personas incapaces de tener relaciones satisfactorias con otros seres humanos, y para ellos la alternativa no es ¿prefiero relaciones con humanos o con un robot? No, la alternativa para ellos es entre la soledad absoluta o la relación con un robot".

No sé qué me da más miedo, si el concepto de novia que tienen los japoneses o el concepto de soltero que tiene David Levy.

jueves 5 de junio de 2008

Juguetes

Me desperté y estabas aquí, en mi cama, bajo unas sábanas más revueltas de lo habitual, a mi espalda, con tus brazos rodeándome como si creyeses que pensaba huir y haciéndome cosquillas en el hombro con tu respiración.
Un ligero movimiento por mi parte fue suficiente para que te despertases y, al volver mi cabeza, me regalases la primera sonrisa del día. Relajado y todavía adormilado me abrazaste con fuerza y me besaste en la frente.
Buenos días, te dije. Buenísimos, me contestaste mientras girabas y te ponías encima mía sujetándome los brazos para que no pudiera moverme. Quietecita, me susurraste al oído y empezaste a pasear tus labios por mi cara muy suavemente, por mi cuello con mucha calma y por mi pecho con mucho mimo.
Con mirada traviesa desde ahí abajo soltaste mis brazos y con tus enormes y suaves manos recorriste mi cuerpo. No te muevas, insististe, cierra los ojos y relájate.
Y lo hice. Me dejé besar, acariciar, rozar y tocar por todas partes disfrutando de cada una de las sensaciones que me provocabas. Me relajé sintiendo tu aliento y tus labios por cada rincón de mi cuerpo. Me dejé llevar cuando tu boca empezó a subir por mis piernas y mientras tus manos bajaban por mi cintura, cuando tu lengua empezó a calentar todo mi cuerpo y tus dedos le siguieron el ritmo. Me dejé excitar hasta cederte el control de mi cuerpo y me convertí en un juguete entre tus manos. Cada movimiento entre mis piernas entrecortaba un poco más mi respiración y cada roce tuyo llegaba a mi cerebro magnificado. Te lo advertí y pude sentir tu sonrisa orgullosa. Intuí que te daba igual, que estabas jugando y que yo no podía ni quería que lo dejaras. Agarrada a las sábanas para no salir volando, poco a poco primero y de repente después, me sumí en un profundo estallido, en un orgasmo brutal que me dejó sin aliento, sin fuerzas y sin ánimo para más. Pero en ese instante abrí los ojos, vi tu cara acercarse a la mía, tus labios besar los míos, tu mano acariciar mi pelo y como el ave fénix resurgieron mis fuerzas y mis ganas de venganza.
Shhhh… quietecito, te dije al oído, cierra los ojos y relájate. Lo hiciste, claro que sí, y entonces fuiste tú el que se convirtió en un juguete entre mis manos y las demás partes de mi cuerpo. Me vengué a conciencia y no descansé hasta verte vencido, hasta que de pura relajación volvimos a la posición inicial y volvimos a quedarnos dormidos.

Me encantaría jugar contigo un poco más pero ya no puedo. Te has ido tan lejos que no puedo seguirte y por eso, como te he explicado ya, he recuperado mi antiguo y efectivo dogma infantil: si un juguete no está al alcance de mis manos, no existe.